Todavía recuerdo su mirada cuando abrió mi bolso. —¿Qué es esto? —susurró, con la mano temblorosa al sacar la vieja fotografía. Mi corazón se detuvo. Era yo… y ella, la mujer que había perdido hace 20 años. —No puede ser… —retrocedió, pálido. Creí que solo sería un turno normal de trabajo. Pero en ese instante lo comprendí: el pasado acababa de regresar… y estaba a punto de destruirlo todo.
Todavía recuerdo con claridad la expresión de su rostro cuando abrió mi bolso. Me llamo Lucía Moreno, tengo treinta y nueve…